El plomo de origen materno atraviesa fácilmente la placenta hacia el feto en desarrollo. Los niveles de plomo en sangre se asocian con resultados adversos para la salud materna y fetal. La exposición prenatal al plomo afecta el neurodesarrollo de los niños, lo que los sitúa ante un mayor riesgo de retraso en el desarrollo, reducción del coeficiente intelectual y problemas de conducta. El plomo se excreta a través de la leche materna y puede constituir una fuente significativa de exposición para algunos lactantes. Los CDC y el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos recomiendan evaluar a todas las mujeres embarazadas y lactantes para determinar su riesgo de exposición al plomo y realizar pruebas de plomo en sangre si se identifican dichos riesgos (véase la sección de Recursos Adicionales).