Los niños son mucho más vulnerables a los peligros de salud ambiental que los adultos. Esto se debe a que tienen comportamientos diferentes a los de los adultos y eso los vuelve mucho más propensos a entrar en contacto con los peligros. Sus cuerpos aún en crecimiento también responden distinto a algunos peligros. A continuación, se citan algunos ejemplos del modo en que sus comportamientos y fisiología únicos los hacen más vulnerables:
- Desde que nacen, los niños respiran más aire, beben más agua y comen más alimentos en relación con su peso corporal que los adultos. Por ejemplo, cuando un niño y un adulto comen una pieza de fruta del mismo tamaño, el niño ingiere una mayor cantidad de ese alimento porque su cuerpo, en comparación, es más pequeño. Si la fruta está contaminada con un pesticida u otra sustancia nociva, el menor también ingiere una mayor cantidad.
- Los niños también absorben más contaminantes: después de una comida, un adulto absorberá un 20 % del plomo ingerido, mientras que un niño pequeño absorberá tanto como el 50 %. Lo mismo sucede con su piel; sus cuerpos pequeños absorberán más contaminantes incluso cuando se expongan a la misma cantidad que un adulto. Muchos contaminantes pueden atravesar la placenta o llegar a la leche materna, lo que da como resultado vías de exposición únicas durante períodos vulnerables de desarrollo temprano.
- Los niños dependen de los adultos para tener un entorno seguro. Los sistemas inmunológicos de los niños están en desarrollo, lo que también hace que sean más vulnerables a los peligros ambientales. La exposición temprana a carcinógenos (sustancias que pueden provocar cáncer, como el humo del tabaco) puede incrementar el riesgo de sufrir cáncer en una etapa posterior de la vida.