Cualquier nivel detectable de plomo en sangre, incluso por debajo de 3.5 µg/dL, se asocia a nivel poblacional con efectos subclínicos tales como falta de atención, hiperactividad y una disminución de la función cognitiva. Los profesionales de la salud pueden informar a las familias de que incluso los niveles bajos de plomo en sangre se asocian con retrasos en el desarrollo, dificultades de aprendizaje y problemas de conducta. Sin embargo, la presencia de plomo en la sangre no significa necesariamente que un niño vaya a desarrollar estas afecciones. La evidencia sobre los efectos nocivos se basa en datos extraídos de poblaciones de niños expuestos y no debe interpretarse a nivel del niño individual. Puede resultar útil explicar a las familias que, si bien los niños con presencia de plomo en la sangre tienen una mayor probabilidad de experimentar ciertos efectos en la salud, esto no significa necesariamente que su hijo en particular los vaya a sufrir. Explique a la familia que los posibles efectos en la salud son multifactoriales o están influenciados por numerosos factores. Tranquilice a los padres asegurándoles que existen pruebas de los efectos positivos de las medidas proactivas para fomentar un desarrollo cerebral saludable, tales como proporcionar un entorno estimulante y seguro, garantizar un sueño adecuado, ofrecer educación temprana y mantener una buena nutrición. También puede informarles de que se ha demostrado que las intervenciones educativas tempranas reducen los daños relacionados con el plomo y, si están disponibles, puede derivarlos a servicios de apoyo para niños con niveles de plomo en sangre superiores al valor de referencia de los CDC.