El plomo atraviesa fácilmente la placenta mediante difusión pasiva. Los niveles de plomo en la sangre del cordón umbilical guardan una estrecha correlación con los niveles de plomo en la sangre materna; en promedio, los niveles en la sangre del cordón equivalen a 0,80 veces los niveles maternos. La exposición al plomo durante el periodo prenatal y la primera infancia se asocia con una disminución del coeficiente intelectual, problemas de aprendizaje y de conducta, y un retraso en el crecimiento. Los niveles elevados de plomo en la sangre materna se asocian con un mayor riesgo de hipertensión gestacional, aborto espontáneo y parto prematuro. El paso más crítico en el manejo clínico consiste en identificar y eliminar cualquier fuente de exposición activa. Las posibles fuentes de exposición pueden diferir en las mujeres embarazadas en comparación con los niños pequeños. Entre los ejemplos de posibles fuentes se incluyen las aficiones, la exposición en el lugar de trabajo, la pica relacionada con el embarazo, el polvo de pintura con plomo proveniente de obras de renovación, los medicamentos tradicionales y las reservas endógenas de plomo en los huesos derivadas de exposiciones pasadas. Durante el embarazo, la movilización del plomo óseo aumenta a medida que se produce la resorción ósea para la formación del esqueleto fetal. Debido a esto, puede producirse una elevación de los niveles de plomo en la sangre sin que exista ninguna exposición reciente o activa. En función de los niveles de plomo en la sangre materna, el manejo médico puede incluir asesoramiento nutricional, suplementación con calcio, derivación a servicios especializados y pruebas adicionales. Las mujeres embarazadas con niveles de plomo en la sangre ≥45 μg/dL deben ser tratadas como embarazos de alto riesgo, con la consulta de un experto en intoxicación por plomo y terapia de quelación. Asimismo, los clínicos deben derivar a estas pacientes a un especialista en medicina materno-fetal.