Los niños que inhalan humo de incendios forestales pueden presentar dolor y opresión en el pecho, dificultad para respirar, sibilancias, tos, sensación de ardor en la nariz, la garganta y los ojos, mareos u otros síntomas. Los niños con asma, alergias u otras afecciones crónicas de salud pueden experimentar mayores dificultades respiratorias cuando hay presencia de humo o ceniza. Incluso los niños que no padecen asma podrían presentar síntomas respiratorios, lo que podría derivar en ausencias escolares y otras limitaciones en sus actividades infantiles habituales. Los incendios pueden dejar grandes cantidades de ceniza y polvo contaminados con sustancias químicas nocivas, tales como asbesto, arsénico y/o plomo. El humo de los incendios forestales puede persistir durante días o incluso meses, dependiendo de la magnitud del incendio.