Los metales pesados pueden estar presentes de forma natural en el suelo utilizado para cultivar alimentos, o pueden introducirse en los alimentos a través de los pesticidas, el procesamiento industrial y el almacenamiento. Esto puede llevar a que haya pequeñas cantidades de metales pesados en algunos alimentos para bebés, como aquellos a base de arroz, vegetales (como el camote), las fórmulas y los jugos de frutas.